Dieta de fé

    felicidad

     En ocasiones gran parte de los seres humanos vivimos en dualidad, de que es real y que no. La cuestión es que existen muchas cosas que en nuestra mente no sabemos cómo clasificar, el amor, lo metafísico, lo científico, lo tecnológico, lo social… Como se unen todas las cosas y podemos sentir tranquilidad si a veces no sabemos que es real y eterno o efímero y pasajero.

     ¿Por qué? al abandonar las responsabilidades y tratar de encontrarnos con nosotros mismos a menudo nos topamos con una fortaleza impenetrable de dudas, que nos afligen y nos enfrentan a un vació de no saber dónde estamos parados.  Es algo tan interno, que en ocasiones pareciera que nos quedamos pegados, que no podemos pensar en nada… a esto le llamo indigestión emocional.

     La indigestión emocional es un tipo de ansiedad que nos aflige y va más allá de cualquier estrés o tensión laboral, es existencial, proviene de lo más profundo de nosotros, de nuestra alma por encontrar un sentido en la vida o al menos a las preguntas de que hacemos aquí y cómo funcionan en verdad las cosas, las emociones y los sentimientos.

     Pero como llevar una buena alimentación emocional que le dé balance a nuestra vida y nos brinde paz al derrumbar la fortaleza de preguntas y poder fluir sin limitaciones e inseguridades.

     La respuestas a esas interrogantes solo se obtienen con una dieta de fe, y son constantes, lentas, sabias, rebosan de bondad y amor, son para formar nuestro espíritu… son reflexiones mágicas que provienen de algo más grande que nosotros.

     Resulta que cada persona debe sentirse lo suficientemente seguro como para guiar su vida a través de sus propios ideales y pensamientos, unido a su vez por sentidos universales que lo conecte con amor y entendimiento al entorno que lo rodea, ahí yace la verdadera satisfacción del ser. Pero para esto hay un elemento primordial y único… Dios.

     La reflexión solo la ofrece Dios por eso hablamos de dieta de fe, muchas veces nos confundimos porque no sabemos reconocer la procedencia de algunas respuestas que obtenemos, lo que nos hace dudar aún más y a veces hasta preferimos no creer en nada para sentirnos más seguros, pero la apatía y desinterés no son la solución, puede convertirnos sin darnos cuenta en personas inestables que no creen en nada ni en nadie. Dios no es solo una teoría, no es solo una creencia, una esencia o energía… Es mucho más que eso, es una personalidad, una personalidad de infinita voluntad, infinito amor, infinita creatividad, misericordia… todo menos odio, es una divina gracia que nos alienta a formar parte de él y ahí es donde surge la dualidad pues no terminamos de aceptarlo por completo, enfrentándonos así a la gran muralla, el ser o no ser.

     Nos hablan mal de Dios a menudo, vivimos en una época en la que los argumentos científicos, las filosofías ateas, las guerras y más buscan que rechacemos esa parte de Dios en nosotros, matamos nuestro corazón espiritual y nos aislamos de formar parte de la totalidad del cuerpo denso y etéreo de Dios, cuando eso pasa nos volvemos ignorantes de nosotros mismos y de nuestra procedencia real.

Muchos estamos con nuestro corazón espiritual moribundo. En ocasiones  nos  da  señales de  vida y surgen  en nosotros  cosas que nos hacen pensar donde estamos parados, nos hace reflexionar y a veces ver cosas que antes no estaban ahí, nos vuelven a mostrar una pequeña dosis de lo que es tener un cuerpo espiritual y de lo que es estar vivo en el gran cuerpo de Dios, nos maravillamos de ver como todo se une por el amor, la voluntad, conocimiento y entendimiento, todo tiene sentido y te das cuenta de lo único y especial que eres, mas todo es momentáneo y desaparece con el tiempo he inclusive a veces simplemente la experiencia queda auto flagelada por el miedo que surge en nosotros al sentir cosas que van más allá de nuestros acostumbrados 5 sentidos y que no nos damos la oportunidad de comprender pues otra vez el dilema, sino aceptamos a Dios por completo dudamos de la procedencia y de nuestra capacidad de entendimiento.

     La dieta de fé empieza y consiste en aceptar a Dios en ti y a cada instante, no como una creencia, sino como parte de la fragmentada personalidad divina de Dios que habita en ti para ayudarte a que guíes tu vida, eso no te asocia a ninguna religión puesto que la religión será la formación de tu personalidad asociada con Dios. Quien mejor para formar tu personalidad, que Dios mismo quien fue quien le dio vida y sabe lo que es mejor para ti, de lo que eres capaz de hacer y cuan único y especial eres.

     Aceptar esto es el inicio de tu dieta de fe, es recibir lo que debes recibir porque Dios quiso que fuera así, y a pesar de que  la voluntad de él es que tú  seas feliz y de que ciertos factores físicos u externos no permitan que uno lo crea, él nos da un entendimiento y una visión más completa de la realidad más allá de lo material físico para comprender de forma mágica lo trascendental de las cosas que te rodean. Lo cual nos impulsa a ayudar a disipar la dualidad de los afligidos corazones espirituales inactivos de muchos seres, todo esto con nuestra autenticidad, la cual reconoces de forma brillante pues ahora nos rigen  nuestras intuiciones, sentimientos internos e ideas provenientes de nuestro lado creativo y divino de Dios.

     Por ultimo la dieta de fe nos lleva a reconocer que las necesidades espirituales de cada quien son únicas por lo que no debemos criticarlas ni juzgarlas. Nosotros nacimos de la luz de Dios y somos una parte fragmentada de la personalidad de él y  de su esencia, la cual siempre estará con nosotros mientras lo aceptemos por completo en nuestro corazón y lo reconozcamos con sencillez sin dejarnos llevar por el ego.

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